Responsabilidad ambiental: Todos ganamos

También en el Perú, empresas de todos los rubros empiezan a entender que cuidar del medio ambiente es beneficioso para sus balances y sostenibilidad.

La COP20, el evento sobre cambio climático más importante del mundo, se realizará en Lima entre el 1 y el 12 de diciembre. Quisimos adelantarnos a él con una mirada a los programas de responsabilidad social empresarial que más destacan por su enfoque en el medio ambiente.

El entusiasmo y la ejecución de programas de responsibilidad social empresarial (RSE) se ha disparado, pero aún son muchas las empresas que confunden la idea de ser socialmente responsable con la filantropía, la caridad y hasta con gestionar sus desechos de manera legal, es decir, con cosas que deberían hacer de todos modos.

En última instancia, de lo que se trata en la responsabilidad social empresarial es de asegurar sostenibilidad. Por  eso – nos comenta Michael Patzl, gerente de Relaciones  Institucionales de LAN Perú – si la volutad y el convencimiento de hacer RSE no viene de adentro, de la cabeza de la organización, no funciona. Esa es la única forma en la que puede terminar siendo parte de la identidad de la empresa.

Iana Málaga, periodista y experta en temas de responsiblidad social, señala que entre las prinicipales carencias de los programas de RSE está que no suelen ser cooperativos, por lo que no aprovechan las sinergias potenciales que existen entre las empresas. Su segunda observación es que la relaciónde estos programas con el Estado prácticamente no existe.

Henri Le Bienvenu, gernete general de Perú 2021, reconoce parcialmente estas carencias, pero asegura que se está avanzando y que ya es posible identificar algunas experiencias notables. En materia del cuidado del medio ambiente también.

EL MUNDO ES TU CASA
El 40% del costo operativo de LAN se va en combustible y, por lo tanto, cualquier reducción en su consumo favorece el medio ambiente, a la vez que impacta de manera positiva en sus márgenes financieros. Por eso, además de reducir las emisiones de su flota inviniendo en aeronaves que consumen no solo menos combustible, sino también uno cada vez más limpio, han instalado sharklets (Airbus) y winlets (Boeing) a todos sus aviones, lo que representa una reducción de entre 4% y 5% de emisiones de CO2 al medio ambiente.

Además, nos cuenta Patzl, LAN se ha convertido en una de las primeras aerolíneas en el mundo en medir su huella de carbono. Con ese dato, han empezado a reducir las emisiones de sus operaciones terrestres, en la que trabajan más de 4.000 personas, para así compensar las emisiones que generan los vuelos. Además, desde el 2012 comenzaron también a comprar bonos de carbono.

Todas estas prácticas favorables al medio ambiente se relacionan de manera directa con el principal giro del negocio de LAN y tienen un impacto positivo en su balance, lo que demuestra que ser ambientalmente responsable favorece también a las propias empresas.

Pero, entre los varios programas de RSE que maneja la empresa, hay uno que se sale de esta lógica. Se llama «Cuido mi destino» y consiste en intervenir el espacio público (un parque, una plaza) de alguna ciudad, provincia o distrito ¿El objetivo Restaurarlo. Se invita para ello a alumnos de cuarto y quinto de secundaria de un colegio a que participen en la actividad, que dura entre uno y tres días, y que consiste en realizar desde tareas simples en jardinería hasta la siembra de árboles y flores, o pintar e incluso poner clavos. Para todo esto, se les capacita y, luego de darles una charla en la que se les cuenta por qué es importante recuperar el espacio escogido y por qué es más conveniente cuidar lo que existe que tener que restaurarlo, se ponen manos a la obra.

Cuando se termina la habilitación y se pone el sitio en valor, se le devuelve el espacio a la ciudad en una pequeña ceremonia, y a los alumnos que participaron se les encarga su cuidado posterior. Luego, se les toma una prueba sobre las charlas y las actividades, y a los tres alumnos con mejores resultados y mayor entusiasmo LAN los lleva a intervenir otro lugar, en otro país. «Los hemos llevado a intervenir el malecón de Tarapacá, el puerto Varas en Chile, Bariloche, Bogotá y hasta a Galápagos», nos cuenta Patzl. Luego, para asegurar la sostenibilidad del proyecto, regresan cada tres años. Hoy LAN está coordinando con algunas universidades la posibilidad de becar a algunos de estos chicos en carreras que tengan que ver con el cuidado del medio ambiente.

Otro programa se llama «Chicos sueñan y vuelan». La última vez, llevaron a 10 chicos de Abancay a conocer el mar. Y al Pacífico lo llamaron «Marcocha».

El agua que vuelve
La cadena de valor de una empresa como Coca Cola es, obviamente, inmensa. Desde la distribución y venta hasta el recojo y el reciclaje de envases PET (politereftalato de etileno, que en el Perú no se puede utilizar una vez reciclado; por eso, Industrias San Miguel exporta el 100% de su producción de envases reciclados). Y, como en casi todas partes del mundo, las mujeres forman parte importante de esa cadena de valor.

Por esta razón, Coca Cola diseñó un programa de inclusión financiera para las mujeres que formaran parte de su cadena, sea cual fuera su papel: gerentas de negocios, bodegueras, proveedoras, vendedoras, promotoras, agricultoras y recicladoras. «La inclusión se realiza a través de mentoring, capacitación y préstamos, y todo se hace acompañado de capacitación», nos cuenta la gerenta de Asuntos Públicos y Comunicación Corporativa de Coca Cola, Julia Sobrevilla. El año pasado, el programa capacitó a 3.600 mujeres, y este año esperan repetirlo. La empresa, además de donar losas deportivas a las comunidades donde viven estas mujeres, recicla el 100% de sus botellas, aunque el PET no se pueda quedar en el Perú.

Sin embargo, como en el ejemplo de LAN, invertir en empoderar a su cadena de valor redunda de manera más o menos directa en los costos de la empresa (personas mejor capacitadas son más productivas y eficientes). Pero no es el único programa de Coca Cola.

La empresa se ha fijado el compromiso global de devolver el 100% del agua que utiliza para producir sus bebidas, y ya lo hace en el Perú. Y de hecho, aunque el agua sea uno de los insumos más importantes de su proceso productivo, el programa de RSE ligado a este tema no está vinculado a sus resultados operativos, porque, para poder utilizar el agua que luego devolverá, primero debe buscar de dónde obtenerla.

«Se devuelve a la naturaleza, se la oxigena, se limpian cuencas, se hace agricultura sostenible, que son las formas con mayor impacto de retorno de agua. Es una inversión sin retorno que realiza la empresa», nos dice Sobrevilla. Actualmente el programa está en funcionamiento en Oxapampa, en algunos lugares de Ancash, Ica y Chincha en los que el agua no abunda, y donde se trabaja en coordinación con las juntas de agua de las comunidades.

Para Sobrevilla, la asociatividad con otras empresas para potenciar proyectos de RSE sí existe, se contempla que continúe, es necesaria y se está avanzando en ese sentido. Por ejemplo, en el proyecto Recíclame, creado para procesar la parte reciclable de las 23 mil toneladas de basura que produce el Perú diariamente, participaron Kimberly Clark, Tetra Pak, Owens-Illinois, Industrias San Miguel, Repsol y Coca Cola.

MILES DE ÁRBOLES
Dos de las empresas con las que conversamos tienen varios programas de RSE vinculados al medio ambiente y, en particular, a la forestación o reforestación de sus respectivas zonas de influencia. Estas empresas son Backus y Antamina.

En el 2011, Backus lanzó en los alrededores de su planta en Pucallpa el programa Ecoparque Vive Responsable. Se trata de un proyecto de reforestación cuyos objetivos primordiales son crear conciencia de la necesidad de conservar el bosque amazónico ¿incluyendo su flora y fauna – y demostrar que se pueden manejar los impactos (básicamente residuos) de manera sostenible.

Se calcula que, en los cinco años que durará el proyecto, se habrán sembrado unos 320.000 árboles ¿unos 2.000 diarios¿ en las más de 290 hectáreas que tiene el ecoparque. En el 2015, el parque será autosostenible y Backus no deberá inyectar más capital en él, pues la madera de algunos árboles ¿que serán repuestos¿ empezará a ser comercializada, lo que completa el ciclo al darle independencia al proyecto. El mantenimiento del bosque absorbe el 100% de los subproductos de la planta cervecera, y el vivero y el criadero de fauna silvestre cuidan de conservar especies en peligro de extinción.

Backus fue reconocida en mayo de este año con el Premio Empresa Ejemplar, concedido por el Centro Mexicano para la Filantropía (Cernen), en mérito a su estrategia de desarrollo sostenible. «Este premio nos reconoce como una de las mejores empresas de América Latina que promueven la responsabilidad social, y estamos muy orgullosos de ello», afirma el vicepresidente de Asuntos Corporativos de Backus, Felipe Cantuarias.

El proyecto Bosque de Huarmey, de la minera Antamina, es otro ejemplo en el ámbito latinoamericano. De hecho, varias mineras se han acercado a la empresa para aprender de la experiencia y tratar de imitarla: un bosque de más de 200.000 árboles sembrados en medio del desierto de Huarmey (Áncash), que da hogar a más de 50 especies de aves y algunos mamíferos pequeños, sin atectar la napa freática ni el ecosistema del desierto que rodea todo el lugar. El bosque se riega por aspersión con agua proveniente de dos grandes reservónos que se encuentran próximos, y que fueron formados, a su vez, a partir del agua tratada de la operación de la minera (transporte de los concentrados de zinc y cobre).

Este bosque es el único en la costa de Áncash, y se calcula que en sus 170 hectáreas sembradas de árboles y frutales se capturan más de 34.000 toneladas de COi por año, constituyendo un verdadero nuevo pulmón para la región. Los árboles, además, se han convertido en una barrera natural que evita que los arenales del desierto invadan el valle de Huarmey, en el que se realizan distintas actividades agrícolas. La liberación de humedad a la atmósfera estabiliza la temperatura de la zona, lo cual, sumado a las grandes cantidades de material orgánico que proviene del bosque de manera natural (hojas, frutos, ramas muertas), amplía la zona apta para la agricultura sobre terrenos en los que hasta hace poco años tal cosa era impensable. Por este proyecto, Antamina fue la única empresa minera premiada en el concurso Creatividad Empresarial del 2012.

UN BANCO, DOS BANCOS
Si algo hemos aprendido hasta aquí es que la responsabilidad social demanda, además de la voluntad que ya hemos mencionado en párrafos anteriores, una gran dosis de creatividad.

Los primeros intentos de algunos bancos para ser socialmente responsables con el medio ambiente estaban relacionados con recomendar a sus colaboradores no imprimir ni gastar papel a menos que fuera absolutamente necesario, apagar las luces y el aire acondicionado cuando se retiraran y cerrar las ventanas cuando aquel estuviera encendido. Las prácticas verdes se limitaban a eso.

Pero el tiempo avanza y aparecen nuevas ideas, nuevas prácticas. Y ahora el BCP y el Scotiabank cuentan, entre sus varios programas de responsabilidad social, con algunas iniciativas muy potentes enfocadas en el medio ambiente que sí tienen un impacto importante y que, además, buscan ser sostenibles en el tiempo.

El Scotiabank se alió con una iniciativa de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) que promueve la creación de áreas protegidas privadas, medioambientalmente sostenibles.

Se trata de capital semilla concursable que el banco dona al programa del SPDA para que este se acerque a individuos, familias o comunidades propietarias de medianas a grandes extensiones de tierras con valor biodiverso. La idea del programa es conservar estas tierras al tiempo que se les ofrece a los propietarios ponerlas en valor como repositorio de plantas medicinales y de árboles, para la investigación científica, para la construcción de infraestructura ecoturística y otras formas de aprovechamiento sostenible, según nos contó la gerenta de RSE del banco, Fiorella Ceruti.

El proyecto del SPDA tiene cuatro años, y desde hace tres el Scotiabank acompaña la iniciativa. A la fecha han apoyado más de 150 proyectos que suman casi 2 millones de hectáreas protegidas de diversos ecosistemas de todas las regiones del país.

«Como no tiene nada que ver con el giro principal del banco, nosotros buscamos apoyar iniciativas como esta. Incluso el Estado podría hacerlo a través de instituciones como el SPDA’ nos explica Ceruti. Cierto, si ellos pueden hacer una diferencia con proyectos de impacto moderado y de alcance limitado, ¿hasta dónde se podría llegar con la escala que tiene el Estado y no solo como financista, sino con la cantidad inmensa de datos que produce y que tiene a su alcance?

Además de este programa, Scotiabank ha venido comprando bonos de carbono para neutralizar su huella y actualmente evalúa continuar con este programa. Pero, y esto quizás es más importante, como parte de un acuerdo llamado Principios del Ecuador, firmado por muchos bancos de todo el mundo, el banco analiza el impacto probable y posible de las operaciones que realizarán las empresas que llegan a pedirles créditos.

El BCP fue el primer banco peruano en adherirse a este pacto. Además, dentro de las recomendaciones del IFC (el brazo financiero del Banco Mundial, y de las que se desprenden los principios mencionados), todos los créditos para proyectos que sobrepasan los USS 10 millones están sujetos a un protocolo y cuestionarios que le permiten al banco, según nos explica el gerente de Asuntos Corporativos del BCP, Pablo de la Flor, «asegurarnos de que las operaciones que financiamos no tengan consecuencias sociales ni medioambientales negativas; y si las tienen, esos riesgos están debidamente controlados o mitigados».

Dependiendo de los riesgos que se identifiquen, se le propone al solicitante del financiamiento una serie de compromisos adicionales para mitigar los impactos sociales o medioambientales identificados. «Por ejemplo, para una operación minera, que cuente con sus estudios de impacto ambiental y que presente los mecanismos de mitigación de los impactos de su operación. Todo debe estar alineado antes de que el banco extienda el crédito», afirma De la Flor.

Además de este programa, el BCP canaliza una línea de crédito ambiental del gobierno suizo llamada Línea de garantía SECO, a través de la cual se busca premiar a las iniciativas o proyectos favorables para el medio ambiente como, por ejemplo, un cambio de matriz energética, la implementación de prácticas productivas verdes o el cambio a tecnología menos contaminante. Esta línea de crédito está dirigida a empresas pequeñas, medianas y hasta grandes (en las proporciones del Perú).

Si el centro de RSE del banco comprueba que, por ejemplo, la reducción de emisiones de CCh ha sido significativa, el premio que se lleva la empresa puede ser dejar de pagar el 25% del crédito y levantar el 50% de la garantía que puso. Por supuesto, no todas las empresas pueden postular a esta línea: deben pertenecer al sector industrial agropecuario o de servicios, más del 75% de su capital debe ser nacional, deben tener menos de 500 empleados, no deben ser una sucursal o subsidiaria de alguna empresa extranjera y deben tener activos por debajo de USS 8,5 millones.

Una empresa maderera ganó el premio al cambiar la fuente de energía de su cámara de secado de madera de leña a gas y quemando aserrín.

Hay muchos casos muy interesantes que, por motivos de espacio, no podemos compartir aquí, pero esta pequeña muestra nos dice que sí estamos, en alguna medida, avanzando en la dirección correcta.

Vemos que la asociatividad de empresas con un mismo objetivo de RSE no solo es deseable sino necesaria, y que el Estado puede tener un rol importante si logra articular estos esfuerzos y alinearlos con sus políticas.

Los casos aquí reunidos nos demuestran que, poco a poco, las empresas de todos los rubros van asumiendo que hacer RSE no es un gasto, sino una inversión en su propia sostenibilidad a través del interés y del cuidado del entorno en el que están inscritas y que les permite funcionar. Porque no hace falta que las empresas hagan RSE movidas por su bondad: con que lo hagan para su propio beneficio, nos basta. Al menos para empezar.

 

(Artículo publicado por: Revista Poder. Foto: save4forest.wikispaces.com)

 

Responsabilidad ambiental: Todos ganamos was last modified: abril 12th, 2016 by ADI Perú